El emprendimiento ecoturístico ayuda a solventar la marginación y precariedad económica de los indígenas mexicanos

Es el resultado de un trabajo doctoral sobre redes sociales y capital social de los emprendedores indígenas en México

El estudio “Redes sociales y capital social: el caso de las empresas indígenas de ecoturismo en México” ayuda a conocer las características de los emprendedores indígenas en México y los motivos para crear una empresa. Esta investigación exterioriza la realidad actual que viven los indígenas mexicanos, de discriminación, marginación y precariedad económica, evidenciando como la creación de empresas ecoturísticas han aportado parte de la solución al complejo e histórico problema de los grupos indígenas. El trabajo está realizado por la profesora mexicana Ericka Molina Ramírez y dirigido por la profesora de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), Virginia Barba Sánchez.

Este es un estudio novedoso y pionero en el ámbito mexicano, en el que se proporciona un marco de referencia de las relaciones sociales bonding y brinding que los grupos indígenas despliegan y que consiguen, a través de la movilización de los recursos del capital social grupal, el éxito de su proyecto de emprendimiento, además de una serie de recomendaciones y guía de actuación dirigidas a la mejora de los programas públicos mexicanos de apoyo a los grupos indígenas.

De igual forma, la investigación se centra también en identificar si las redes con que cuenta el emprendedor influyen en la puesta en marcha del emprendimiento y los recursos que proporciona para el mismo. Asimismo, se derivan recomendaciones con el fin de apoyar la sostenibilidad de las empresas indígenas de los casos de estudio.

A través de una investigación cualitativa por medio de entrevistas a diez empresarios indígenas en México, en las que se utilizó un estudio de casos comparativo, se identifica los motivadores y las características de los emprendedores indígenas, así como los tipos de redes y los recursos que en ella se encuentran (capital social). 

Los resultados apuntan a que el perfil emprendedor indígena difiere del perfil occidental, ya que el primero, en su totalidad, es un emprendedor masculino, “aun cuando las mujeres son, en muchos casos, socias y trabajadoras, pero no tienen la dirección ni toman las decisiones en dicho proceso de creación de empresas”.  Un resultado que se entiende por la forma de organización indígena, “en la que los varones de mayor edad dentro de la comunidad tienen el privilegio de pertenecer al Consejo de Ancianos, que es el que decide lo que tiene que ver con la vida en la comunidad”.

En cuanto a la principal motivación para emprender no es económica, esencialmente. La mayoría de los casos está relacionada con la preservación del medio ambiente y de su cultura indígena. “Su objetivo es el de ofrecer un alto grado de satisfacción a los turistas por medio de experiencias que los hagan conscientes de los problemas de la sostenibilidad y se fomenten prácticas sustentables. No solo hacen consciencia, sino que el impacto medioambiental ha sido directo, pues se ha logrado revertir acciones poco benéficas desde el punto de vista medioambiental, rescatando principalmente flora y fauna propia del entorno de las comunidades”.

El factor de éxito del emprendimiento radica en la forma en que se han involucrado todos en el mismo proyecto, “como bien lo manifiestan, se beneficia tanto la empresa como todo el pueblo”. En definitiva, la cosmovisión es el elemento que desde su concepción diferencia al emprendimiento indígena, su visión prioriza a la colectividad frente al individuo.