Interrumpir el tiempo sedentario con pequeños períodos de actividad contribuye a reducir el riesgo de fragilidad

Según una investigación del grupo CIBERFES

El número de rupturas de los períodos sedentarios pueden predecir la fragilidad futura en los mayores. © Pixabay

Interrumpir los períodos de tiempo sedentario con pequeños intervalos de actividad puede prevenir la progresión hacia la fragilidad en las personas mayores. Esta es una de las conclusiones de una nueva investigación liderada por investigadores del CIBER de Fragilidad y Envejecimiento Saludable (CIBERFES) en la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y el Complejo Hospitalario de Toledo, que ha publicado la revista The Journals of Gerontology Series A.

Los resultados de este trabajo avalan la utilidad de nuevas estrategias de intervención que pasan por fomentar la introducción de intervalos breves de actividad que rompan el tiempo que las personas mayores pasan sedentarias para prevenir la fragilidad, asociada habitualmente a mayor riesgo de discapacidad, hospitalización y mortalidad. “Éste puede ser un enfoque más factible que otros que exigen cambios de conducta con actividades más intensas, y es menos desafiante para los adultos mayores inactivos, los cuales son considerados de mayor riesgo”, explica Asier Mañas, investigador del CIBERFES y primer autor del estudio.

Esta interrupción del tiempo sedentario puede ser tan corta como un minuto, por lo que actividades simples como caminar a un ritmo moderado, sentarse y levantarse varias veces del sofá a modo de sentadillas, o subir y bajar escaleras contarían como un paréntesis en este tiempo sedentario. En este sentido, este tipo de intervención podría arrojar resultados exitosos porque, según señala el investigador, “se puede romper el tiempo sedentario con una gran variedad de actividades de la vida diaria, sin un alto grado de compromiso y planificación, y con una carga físicamente más baja que no requiere un alto nivel de condición física o habilidades motoras complejas, por lo que el seguimiento de estas pautas resulta un paso inicial asequible para mejorar la salud en las personas mayores que no cumplen con las recomendaciones de actividad física”. 

Debido al progresivo aumento de la población mayor y el elevado número de personas que sufren o están en disposición de sufrir el síndrome de fragilidad, es necesario buscar soluciones para mejorar el estado de salud de dichas personas, reduciendo al mismo tiempo los costes sanitarios y sociales asociados, tanto directos como indirectos. 

Este nuevo trabajo, coordinado por los investigadores del CIBERFES Ignacio Ara, director del Grupo GENUD Toledo de la UCLM, y Francisco José García, codirector del Estudio Toledo de Envejecimiento Saludable del Complejo Hospitalario de Toledo (SESCAM), se centró en avanzar en el conocimiento de la repercusión del sedentarismo en la pérdida de funcionalidad, concretamente en la relación causa-efecto entre las rupturas del tiempo sedentario y la fragilidad y viceversa. Para ello, se realizó un seguimiento durante cuatro años a un total de 186 personas mayores de 65 años que forman parte del Estudio Toledo de Envejecimiento Saludable (ETES). En estos pacientes, se midió el número de rupturas del tiempo sedentario utilizando acelerómetros (dispositivos para medir la aceleración y, por tanto, el movimiento). Asimismo, se evaluó el síndrome de fragilidad utilizando la Escala de Rasgos de Fragilidad.

Los resultados han revelado que el número de rupturas de los períodos sedentarios pueden predecir la fragilidad futura en los mayores. En los mayores inactivos, el análisis de los datos confirmó que un mayor número de rupturas del tiempo sedentario al inicio del estudio se relacionó niveles más bajos de fragilidad posterior. Asimismo, una menor condición de fragilidad al inicio del estudio les permitió mantener un mayor número de interrupciones del tiempo inactivo con los años. “Por lo tanto, se puede concluir que, en los adultos mayores físicamente inactivos, la relación entre las rupturas de tiempo sedentario y fragilidad es bidireccional”, apuntan los investigadores