Culmina en Toledo un curso que alerta de la insostenible situación del Tajo derivada del trasvase Tajo-Segura

Imagen de archivo de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales

La II edición del Curso Propio en Gestión y Planificación del agua en la Cuenca del Tajo, fruto de la colaboración de la Universidad de Castilla-La Mancha, la Universidad de Zaragoza y la Fundación Nueva Cultura del Agua, ha permitido a alumnos de 3 países y varias comunidades autónomas conocer los problemas que dificultan garantizar las necesidades de la cuenca del Tajo y alcanzar los objetivos de buena salud ecológica que marca la Directiva Marco del Agua

Enmarcado dentro del Master de Gestión Fluvial Sostenible y Gestión Integrada de Aguas que ofrece la Universidad de Zaragoza, la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) ha ofrecido entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre la II edición del Curso Propio titulado “La gestión y planificación del agua en la cuenca del Tajo”, en la sede de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UCLM en Toledo. En el mismo han participado alumnos de varias comunidades autónomas, de Paraguay y de México. El curso ha presentado una panorámica de los principales retos que presenta la gestión del agua en la cuenca del Tajo, con un énfasis especial en el eje central del río desde su cabecera hasta Talavera de la Reina, pero sin olvidar el tramo extremeño ni el carácter internacional de la cuenca.

Complementando clases teóricas con salidas de campo, los participantes en el curso de verano pudieron constatar el pésimo estado ecológico del eje central del río. El Tajo se ve sometido a diversas presiones que impiden su correcto funcionamiento como ecosistema fluvial: la derivación de hasta el 80% de los caudales de la cabecera del Tajo desde los embalses de Entrepeñas y Buendía hacia la cuenca del Segura a través del Acueducto Tajo-Segura; los vertidos de aguas residuales de los 6,5 millones de habitantes de la Comunidad de Madrid que llegan al cauce central del Tajo a través del Jarama, aguas abajo de Aranjuez; y las múltiples infraestructuras hidráulicas que impiden la libre circulación del agua a lo largo de la cuenca.

Durante la semana, los alumnos visitaron el embalse de Entrepeñas, cuyos niveles de embalse se encuentran por debajo del 15% como consecuencia de la campaña de trasvases hacia la cuenca del Segura. Pudieron constatar cómo la falta de agua imposibilita la utilización de los embalses de cabecera (Entrepeñas y Buendía) por los habitantes y el sector turístico de las poblaciones ribereñas, el conflicto socio-político derivado de esta situación, y el riesgo que supone para las necesidades de la cuenca del Tajo el vaciado de su cabecera.También se acercaron al entorno del embalse de Castrejón y la Puebla de Montalbán, aguas abajo de Toledo, donde la combinación de falta de caudales y mala calidad del agua circulante se combinan para eliminar la funcionalidad del río como ecosistema vivo, tal como demuestran los resultados del proyecto de investigación ATTENAGUA en el que participaron miembros del Equipo de Investigación del Tajo de la UCLM.Por último, los participantes del curso pudieron escuchar de primera mano las preocupaciones de los principales actores interesados en la gestión del agua en la cuenca del Tajo. Así constataron cómo la Comunidad de Castilla-La Mancha no puede abastecerse de las aguas del eje central del Tajo debido a la mala calidad de las mismas como consecuencia de la combinación de trasvases hacia el sudeste ibérico y vertidos de la Comunidad de Madrid. También constataron que, a pesar de ser considerada cuenca excedentaria desde la que se pueden realizar trasvases, algunos sistemas de explotación son actualmente deficitarios en opinión de los representantes de los usuarios de riego. Asimismo, y según la evaluación que ha realizado la Confederación Hidrográfica del Tajo en la Propuesta de Plan Hidrológico 2015-2021, todo el eje central del Tajo ha sido considerado como aguas muy modificadas que no alcanzarán los objetivos de buen estado, como consecuencia de las presiones existentes.

Finalmente, los participantes conocieron los problemas derivados del carácter internacional de la cuenca. Las cuencas ibéricas compartidas por España y Portugal, entre ellos la del Tajo, ocupan hasta el 46% de la península ibérica. El Convenio de Albufeira marca las condiciones que deben cumplir ambos países para la gestión de dichos ríos compartidos. Sin embargo, durante el curso se puso de manifiesto que el contenido del Convenio no está adaptado a las necesidades actuales al no haber desarrollado los organismos de cooperación establecidos en el propio convenio, limitarse a establecer los caudales mínimos que España debe dejar fluir hasta Portugal, y no tratar aspectos de calidad del agua ni garantizar transparencia y eficacia en la gestión coordinada de las cuencas compartidas.En sus trabajos finales, los alumnos resaltaron la insostenibilidad de la situación y la necesidad de cambiar las prioridades que gobiernan la planificación y gestión de la cuenca del Tajo con el fin de poder atender todas las necesidades de la cuenca, lo que incluye y requiere la recuperación de buen estado de sus aguas y ecosistemas asociados.